"El Asesino de Westfield"



John List  lo planeó todo meticulosamente. Llamó al colegio de los niños avisando que sus tres hijos no irían a clases por algún tiempo. Canceló el periódico y las entregas de leche y correspondencia. Como ya se debe estar imaginando, John List había decidido desaparecer. Primero, mataría a su familia entera.

El tranquilo y religioso John tenía 45 años en 1971 cuando todo parecía ir mal en su vida. Simplemente, no podía continuar pagando las dos hipotecas que había hecho sobre su gigante mansión de 18 dormitorios en el 431 de la avenida Hillside, en el elegante Westfield, Nueva Jersey. Su dinero no alcanzaba para cubrir su reservado pero cómodo estilo de vida.

Su esposa, Helen, era una desilusión. Se negaba a ir a la iglesia con regularidad. Su hija, Patricia, incluso hablaba de seguir la profesión de actriz. Las creencias más bien fanáticas y religiosas de John definitivamente no eran seguidas por su familia. Había dos opciones. Se podría declarar a sí mismo en bancarrota o podría buscar ayuda en las agencias de asistencia social, pero John no podía siquiera pensar en la vergüenza y la desgracia que esas salidas representarían para él y su familia. Después de todo, era un contable muy respetado, que una vez había sido vicepresidente de un banco. Había enseñado en la escuela dominical de la Iglesia Luterana, a la cual había acudido regularmente. No, en la mente de John había sólo una cosa propicia por hacer, y eso era enviar a toda su familia al cielo.
Helen List

Calmadamente, John repasó los detalles de su plan. Era el 9 de noviembre de 1971. Cargó su pistola 9 mm y su revólver calibre .22. John le disparó a su esposa Helen en la espalda y arrastró su cuerpo hasta la sala de baile. Luego fue hasta el tercer piso y le disparó a su madre de 85 años, Alma.

John quería llevar el cuerpo hasta abajo, al salón de baile, pero era muy pesado. Decidió poner el cuerpo de su madre en un ropero, pero encontró que el peso muerto era difícil de manipular.

James Moran, quien era en ese momento el jefe de policía de Westfield, explicaba: "Cuando bajamos las escaleras encontramos el cuerpo de Alma List a mitad de camino dentro del ropero. Supusimos que el asesino se había dado por vencido al tratar de meterla allí".

Alma List
John condujo hasta el Colegio Secundario de Westfield, donde recogió a su hija de 16 años, Patricia. La mató con un solo tiro en la espalda. Cargó el cuerpo de Patricia hasta la sala de baile y lo ubicó en un saco de dormir al lado del cuerpo de su madre. Frederick, de 13 años, fue recogido en su empleo, adonde iba despues del colegio. Una vez en la casa, también le disparó en la espalda y lo ubicó en un saco de dormir en la sala de baile. John List hijo, de 15 años, llegó a la casa despues de un partido de fútbol. Tuvo unos pocos momentos de conciencia antes de recibir nueve disparos. Su cuerpo fue puesto en fila al lado del de su madre, su hermana y su hermano. La matanza había terminado. El diabólico asesino en masa limpió las manchas de sangre de la cocina como mejor pudo. Se paró entre los cuerpos de su familia y rezó por su salvación.


Patricia

Jhon J

Frederick

Luego se sentó y escribió una carta a su pastor, el reverendo Eugene A. Rehwinkel.

A continuación partes extraídas de esa carta.

"Querido pastor Rehwinkel: Lamento sumar estar carga a su trabajo. Sé que lo que he hecho está mal y que cualquier motivo que pueda dar no lo hará correcto. Pero usted es la única persona a quien conozco que, si bien no condonará esto, al menos entenderá por qué sentí que tenía que hacerlo.

1. No estaba ganando ni cerca de lo que necesito para mantenernos. Todo lo que probé se cayó en pedazos. Es verdad, podríamos habernos declarado en bancarrota y vivir de la asistencia social.

2. Pero eso me lleva a mi próximo punto. Sabiendo el tipo de lugar en el que tendríamos que vivir, además del ambiente para mis hijos, más el efecto que tendría sobre ellos estar viviendo de la asistencia social, era más de lo que pensé podríamos tolerar. Yo sabía que ellos estarían dispuestos a reducir gastos, pero esto implicaría mucho más que eso.

3. Con Pat, tan decidida a seguir la carrera de actriz, yo temía lo que aquello podría incidir en su cristiandad. Estoy seguro de que no habría ayudado.

4. También, que Helen no vaya a la iglesia, sabía que lastimaría a los niños eventualmente en su educación. He esperado continuamente que ella se acercara a la iglesia. Pero cuando le mencioné que la señora Jutze quería llamarla, ella estalló y dijo que quería que quitaran su nombre de las listas de la iglesia. Nuevamente, esto sólo podía tener un efecto adverso para la educación de los niños. Así que es la suma de todo. Si alguna de estas condiciones no existieran, podríamos haberlo superado, pero esto ya es mucho. Al menos estoy seguro de que todos han ido al cielo ahora. Si las cosas hubieran continuado como iban, quién sabe cuál hubiera sido el caso.

Por supuesto, mi madre se ha visto involucrada, porque enfrentarse a lo que le he hecho a mi familia habría sido un choque tremendo para ella a su edad. Así que, sabiendo que ella también es cristiana, sentí que lo mejor era quitarle los problemas de este mundo que la habían golpeado. Después de que todo concluyó, leí algunas plegarias del libro de los himnos. Era lo menos que podía hacer.

Una cosa más. Puede parecer cobarde el haberles disparado por la espalda, pero no quería que ninguno de ellos, incluso en el último segundo, supiera que yo tuve que hacerles eso. John fue el más lastimado porque parecía resistir durante más tiempo. El resto se fue inmediatamente, sin dolor. Por favor, recuérdeme en sus plegarias. Las necesitaré si el gobierno decide o no hacer lo que indica su deber. Sólo estoy preocupado por hacer las paces con Dios, y de esto estoy seguro porque la muerte de Cristo también fue por mí".

John encendió algunas luces, trabó las puertas de su hogar y se fue. Pasó un mes. Las bombillas se quemaron. Los vecinos, que más tarde confesaron no conocer muy bien a los List, comenzaron a sospechar. Finalmente llamaron a la policía.

El jefe James Moran habló desde su casa: "He manejado varios asesinatos con el correr de los años, pero nada como esto. Forzamos la puerta trasera y caminamos a través de algunos cuartos hasta la sala de baile. El olor era terrible, y allí estaban: cuatro cuerpos prolijamente acomodados en fila. Estaban ennegrecidos y parcialmente descompuestos. Nunca olvidaré esa imagen".

La policía encontró el coche de John List en el aeropuerto Kennedy el 7 de diciembre, dos días después del descubrimiento de los cuerpos de su familia. Pero a John no se le encontró ni se le rastreó. Dice Moran: "No teníamos ni la más remota idea de a dónde se había ido. No tenía verdaderos amigos y casi nadie conocía al sujeto".
El pasado de John era ordinario en todo sentido: padres religiosos y estrictos, escuela secundaria, universidad, un puesto en la armada durante la Segunda Guerra Mundial y luego prestó servicio en la guerra de Corea. Como el perpetrador confeso del crimen más infame de Nueva Jersey era buscado en tres continentes. Todas las claves y pistas no llevaban a ningún lado. John List, aparentemente, había cometido el crimen perfecto no una, sino cinco veces.

John fue hasta Denver, Colorado, donde cambió su nombre a Robert P. Clark. Durante un tiempo se ganó la vida trabajando como cocinero, pero en 1977 gravitó a su profesión original como contable. Pronto estaba ganando 400 dólares por semana. Conoció a su segunda mujer, Delores, en un encuentro de la iglesia luterana. El callado e introvertido Robert era un marido bueno y devoto.

En 1985, una amiga le mostró a Delores Clark un artículo sobre un antiguo asesinato en Nueva Jersey. La foto de John List, que acompañaba el relato, tenía un leve parecido con su marido Robert. Delores se desentendió de todo el asunto pensando que era ridículo.

En 1988, los Clark se mudaron a Richmond, Virgina. Robert Clark concurría a los servicios luteranos, trabajaba en su jardín, miraba televisión y se apasionaba con el trabajo con madera. Pero la tecnología moderna llegó hasta los List.


Frank Bender y el busto de List
 El antiguo e irresoluto caso de los asesinatos de Nueva Jersey fue televisado en el programa "Americas's Most Wanted" (Los más buscados de América). El escultor forense Frank Bender, trabajando con fotos de 18 años atrás de List, produjo un modelo de la cabeza del hombre buscado. Bender, ingeniosamente, llegó al increíble y coincidente aspecto de List, envejecido 18 años.

Obviamente, la misma vecina que le había mostrado a Delores Clark el periódico tres años atrás, reconoció la cabeza esculpida. Hizo que un pariente llamara al programa.

John List fue rastreado hasta la empresa de contabilidad de Richmond. Robert Clark negó ser el hombre buscado, pero la huella registrada en una vieja ficha del ejército, archivada en Washington, probó que era John List.
List en el juicio

En mayo de 1990, John List, de 64 años de edad, enfrentó un juicio por asesinato, casi dos décadas después de haber eliminado a su familia entera. Fue hallado culpable de los cinco asesinatos y fue sentenciado a cinco cadenas perpetuas en prisión.

Cuando el juez sentenció a List, la sala estalló en aplausos.













2 comentarios:

  1. Ese criminal no era religioso, era un fanático igual de los que tantos asesinan en nombre de Dios.

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  2. Ese criminal no era religioso, era un fanático igual de los que tantos asesinan en nombre de Dios.

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